Texto en tipografía grande y en negrita que dice: 'Los guardianes del color y la alegría en el armario de negreros y blancos'.
Texto en blanco que indica el autor, el creador audiovisual y el diseñador del contenido.

En Pasto, el Carnaval de Negros y Blancos es una explosión anual de alegría y orgullo que desborda las calles y cautiva a propios y extraños durante la primera semana de enero. Cada rincón de la ciudad se transforma en una partitura donde el arte y la creatividad se despliegan en una sinfonía de colores y sonidos. Detrás de esta fiesta emblemática, hay meses de dedicación y esfuerzo de los artesanos, verdaderos artistas que dan vida a las majestuosas carrozas, trajes y accesorios que desfilan por las calles nariñenses para emocionar a los visitantes.

Arte digital de tres leones con tocados y accesorios indígenas tribales en tonos marrón, púrpura y azul con plumas y elementos decorativos coloridos.

Detrás de la magia

De esta manera, la labor de los artesanos se transforma en el corazón del Carnaval, preservando la esencia de una tradición que se entreteje con la historia y la identidad de la región. Con manos habilidosas, estos maestros crean obras de arte que son un reflejo vivo de la cultura y la herencia que se transmite de generación en generación. Cada pieza es, entonces, un testimonio del esmero y de la disciplina con el que cada detalle une al pasado con el presente a través de los colores y las formas.

Statua colorida de una cara de anciano con barba y bigote largos, ojos grandes y expresivos, lleva un sombrero azul y un fondo de edificios.

Con materiales tan simples como el icopor, pegante y puntillas, los artesanos logran transformar lo cotidiano en algo mágico para dar vida a personajes mitológicos, históricos o políticos. Así, el trabajo artesanal se transforma en la esencia misma del Carnaval: un legado que sigue vivo gracias a la dedicación y al amor que los maestros tienen por su oficio.

Participantes con disfraces coloridos y máscaras en un desfile, en medio de una multitud en la calle, durante una festividad tradicional.

Meses antes de que las calles se llenen de música y color, comienza el proceso creativo que transforma ideas en obras maestras. La selección del tema es solo el comienzo; luego, los artesanos se sumergen en las sensibilidades de la región, escuchando las historias y leyendas de los lugareños, capturando cada detalle, cada matiz, cada emoción. Con la temática clara en su mente, pasan de boceto mental al ensamblaje, el cual puede durar semanas enteras.

Figura de carnaval con máscara y accesorios dorados, decorados con plumas de colores, en una calle con espectadores.
Texto en la imagen que dice: 'El trabajo artesanal: una pasión pasada'.

Con jornadas de trabajo que pueden llegar a las 18 horas, equipos de hasta 20 artistas unen sus habilidades y pasiones para dar vida a las majestuosas carrozas y trajes que engalanarán las ediciones del Carnaval. Así, la magia de este evento, declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, cobra vida para que locales y turistas puedan maravillarse ante la belleza y la creatividad que la imaginación, el trabajo en equipo y la exaltación de la cultura pueden lograr.

De esta manera, la labor de los artesanos no solo revive tradiciones y emociones profundas, sino que también juega un papel clave en la economía local. Para muchos, el Carnaval es una fuente vital de ingresos que sostiene a sus familias y comunidades, convirtiendo su creatividad en un motor económico que impulsa el desarrollo regional.

Dos personas trabajan en un taller, haciendo objetos decorativos con bolas de colores, posiblemente para un festival o mercado artesanal. Están rodeados de estructuras metálicas y otros materiales de fabricación.
Cita en español en un diseño gráfico con letras grandes y de diferentes colores que dice: "Es un reto importantísimo y muy valioso saber que uno aporta a esta tradición. Siempre trato de darle un toque especial a cada obra, algo que haga que mis emociones más primitivas florezcan".
Esculturas de personajes caricaturescos en un taller, con una figura grande de una mujer riendo y otras figuras en proceso de ser pintadas.
Máscara gigante y colorida de una figura indígena en proceso de armado, en un taller de celebración, con estructura de metal y lona de fondo.

Con alrededor de 30 años de experiencia en artes visuales, Armando Galíndez se siente profundamente orgulloso de ser parte del Carnaval de Negros y Blancos. Para él, este evento es una oportunidad para mostrar su talento, al tiempo que refuerza su compromiso con la tradición y la cultura nariñense.

"Para mí, es muy importante ser parte de este proyecto tan bonito", afirma Galíndez. "Es un reto importantísimo y muy valioso saber que uno aporta a esta tradición. Siempre trato de darle un toque especial a cada obra, algo que haga que mis emociones más primitivas florezcan", dice. La carroza de la paz es una de sus creaciones más emblemáticas, un símbolo de la esperanza y la unión que caracteriza al Carnaval de Negros y Blancos.

Un legado que pervive de generación en generación

El camino para convertirse en maestro es un viaje largo y sinuoso que se despliega a lo largo de generaciones. No es un logro que se alcanza de la noche a la mañana, sino un proceso que se aprende y se vive desde la más tierna infancia. En el Carnaval de Negros y Blancos, los niños crecen rodeados de color, música y tradición.

A través de prácticas y ayudantías con artistas experimentados, los jóvenes comienzan a absorber conocimientos y a ganar experiencia. Con cada pincelada y cada pieza que crean, se van forjando como verdaderos maestros. La tradición se transmite de generación en generación y cada uno de ellos aporta su propia creatividad y pasión a esta rica herencia cultural.

Así, en el Carnaval de Negros y Blancos, la tradición y la cultura se entrelazan en una celebración que es a la vez ancestral y contemporánea. Los artesanos son los guardianes de esta herencia y su trabajo es un tributo a la riqueza cultural de la región que enamora a propios y a turistas.