Turismo que sana territorios

cuando viajar también es construir paz

En Colombia, viajar ya no es solo descubrir paisajes: también significa recorrer memorias, dignificar comunidades y transformar historias marcadas por el conflicto en oportunidades de vida. Bajo la estrategia nacional ‘Turismo para una cultura de paz’, liderada por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y ejecutada a través de Fontur, este sector se ha convertido en una herramienta real de reconciliación, desarrollo y esperanza en los territorios.     

Esta apuesta, iniciada en 2023, nació con el propósito de llevar desarrollo sostenible a municipios profundamente afectados por el conflicto armado, fortalecer sus capacidades turísticas y hacer del turismo una vía para la justicia territorial, la economía para la vida y la construcción de la paz. 

Entre agosto de 2022 y octubre de 2025, se aprobaron 212 proyectos turísticos en 121 municipios de 26 departamentos, priorizando zonas PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial), ZOMAC (Zonas más Afectadas por el Conflicto Armado) y territorios históricamente excluidos. La inversión total asciende a $217.650 millones, destinados a infraestructura, competitividad, promoción, inversión territorial y fortalecimiento de los propios destinos de paz.  

Pero, detrás de cada cifra hay una historia. El turismo de paz, más que una política abstracta, es una plaza que vuelve a ser punto de encuentro, un mural que reemplaza el miedo por color, una ruta comunitaria que convierte la memoria en relato y la violencia en dignidad.    

Infraestructura para la vida 

Casi la mitad de la inversión (48,3%) se ha destinado a infraestructura turística, lo que demuestra que la paz también se construye con obras que recuperan el espacio público, embellecen los territorios y fortalecen la economía local. A esto se suma una apuesta sólida por la promoción, el mercadeo y la competitividad, claves para que estos destinos sean visitados, sostenibles y protagonistas del desarrollo regional.

Uno de los proyectos emblemáticos es la Plazoleta de la Paz en Miranda, Cauca, una obra de infraestructura turística con una inversión superior a los $14.933 millones. Esta plaza es un símbolo y un lugar donde la comunidad se reconoce, se encuentra y resignifica su historia desde la vida y no desde la violencia.  

En Cali, por su parte, el corredor turístico de la Comuna 20 transformó fachadas, murales y espacios públicos, fortaleció colectivos locales y construyó una narrativa de paz desde la cultura, el arte y la memoria barrial. Aquí, el turismo dejó de ser externo: se volvió propio, comunitario, orgullosamente local.  

La estrategia nacional ha identificado 1.711 actores turísticos vinculados a iniciativas de memoria, reconciliación y paz; además, ha consolidado 100 experiencias de turismo por la memoria, lideradas por víctimas del conflicto, firmantes del Acuerdo de Paz, comunidades indígenas, mujeres y procesos de sustitución de cultivos ilícitos. Son experiencias donde viajar significa escuchar, comprender y acompañar procesos de transformación real.  

También se avanza en la Red Nacional de Destinos Turísticos de Paz, en la construcción de rutas urbanas como La Ferro (Pereira), Transición BGA (Bucaramanga) y en la producción de contenidos simbólicos como el libro Colombia: paisajes de memoria, que recoge la voz de los territorios desde la verdad, la dignidad y la esperanza.  

experiencias que cuentan otra Colombia 

el Audiolibro Colombia Paisajes de Memoria

Escucha aquí:

En Antioquia, los municipios de Turbo y Necoclí muestran que la biodiversidad, la memoria y el arte comunitario pueden ser experiencias turísticas con sentido. En el Chocó, Nuquí, Bojayá y Acandí proyectan una narrativa donde la naturaleza, la cultura y la reconciliación conviven. En el Cauca, Guapi, Miranda y Santander de Quilichao demuestran que la paz también se construye desde la identidad afrocolombiana, indígena y campesina. En el Meta, La Macarena, Mesetas y Vista Hermosa resignifican territorios que hoy reciben visitantes con historias de resistencia, naturaleza y futuro. Cada uno de estos destinos hace parte de una Colombia que ya no se cuenta solo desde el conflicto, sino desde su capacidad de transformarse.  

Destinos donde la paz se recorre  

Turismo como acto político de esperanza 

Más de 1.000 capacitaciones, 771 certificaciones del sello ‘Colombia, Destinos de Paz’, ruedas de negocio, mentorías, misiones internacionales y procesos de gobernanza territorial consolidan una política pública que entiende el viajar no como un lujo, sino como una herramienta de cambio social, económico y cultural. Incluso, Colombia lidera hoy la creación de la Red Internacional de Destinos de Paz – Capítulo Latinoamérica, lo que proyecta esta experiencia como referente regional de cómo el turismo puede ser un vehículo de reconciliación y desarrollo humano.  

El turismo de paz es, en esencia, una nueva manera de mirar a Colombia. Es reconocer que en nuestros destinos pueden hallarse historias vivas, comunidades que resisten, mujeres que lideran, jóvenes que crean, pueblos que sanan. Desde Fontur y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, esta estrategia reafirma una convicción: la paz también se construye viajando, con dignidad, con respeto y con las comunidades en el centro. Porque en Colombia, el País de la Belleza, no es solo un eslogan: es un camino. Y hoy, más que nunca, ese camino se recorre con memoria, con justicia territorial y con la certeza de que el turismo, cuando se hace con sentido humano, puede ser una de las formas más poderosas de transformar un país.