DONDE LA LIBERTAD CABALGA Y LA PAZ SE CULTIVA
UBICACIÓN
En el piedemonte araucano, el paisaje tiene la amplitud de lo esencial: una sábana abierta que asemeja un mar verde y caballos que avanzan con la seguridad de quien conoce el camino. En este territorio, cada experiencia conecta con una historia profunda de ancestros y tradiciones: aquí se cantan los relatos y leyendas del llano, de los jinetes y campesinos que hoy se reconocen como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Pero también es semilla de las apuestas comunitarias que hoy le dan un nuevo significado al campo. Viajar a Tame es recorrer esos tres tiempos: el pasado que inspira, la cultura que permanece y el futuro que se construye.
Ruta Libertadora: el lugar donde se trazó el rumbo de una República
En Tame, la independencia tiene coordenadas precisas. Fue en este territorio donde se encontraron Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander para organizar la estrategia que permitiría cruzar la cordillera y consolidar la Campaña Libertadora. Ese momento marcó el inicio de una avanzada que cambiaría la historia de la Nueva Granada.
Hoy, la Ruta Libertadora permite revivir ese capítulo a través de recorridos guiados por monumentos, espacios históricos y relatos que han pasado de generación en generación. “Nosotros estamos orgullosos de nuestras raíces. Es una memoria que heredamos como un tesoro, que nos hace ser la cuna de la independencia y que marca el espíritu de los tameños”, explica Erick Perico, guía local.
El recorrido no solo habla de los próceres, sino también del papel del llano y de sus habitantes, cuya relación con el territorio fue clave para movilizar tropas, caballos y provisiones. El encuentro entre los pueblos indígenas que habitaban el territorio y los jesuitas fue esencial en la construcción de la idiosincrasia del jinete llanero, que aportó de manera significativa a la independencia de Colombia.
La geografía, el clima y el conocimiento local hicieron parte de la estrategia. Caminar esta ruta es comprender que la independencia de varios países de América del Sur nació en el silencio abierto de la sabana.
Experiencia llanera:
la vida que se mueve al ritmo del caballo y el canto
El día comienza antes del amanecer. En las fincas, el ordeño es la primera labor. El sonido de la leche golpeando el fondo del balde se mezcla con las voces bajas de los llaneros, que cantan mientras trabajan. No es una actividad demostrativa: es la rutina diaria.
Más tarde, llega el momento del traslado del ganado. Los jinetes ensillan y avanzan en grupo, guiando a los animales a través de la sabana. En ese proceso, los relatos cantados aparecen de forma natural.
Los Cantos de Trabajo del Llano, reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, cumplen una función práctica: orientar, tranquilizar y conducir el ganado. Son también una expresión cultural que transmite conocimiento, tradiciones, relatos y sentido de pertenencia.
-Pablo Enrique Díaz, llanero y anfitrión de estas experiencias.
La relación con el caballo es igual de profunda. Esta tradición nació del encuentro entre los pueblos indígenas y las prácticas introducidas por las misiones jesuitas, dando origen a una cultura ecuestre que hoy define la identidad del territorio.
Quien visita puede participar en las actividades diarias: aprender sobre el manejo del ganado, recorrer los potreros y conocer de cerca una forma de vida que sigue vigente. Al final de la jornada, las leyendas e historias llaneras reúnen a todos en un encuentro a la luz del atardecer del llano. El arpa y el cuatro marcan el ritmo de una celebración que tiene como escenario la inmensidad de la llanura.
Café y turismo comunitario: el cultivo como semilla de un nuevo tiempo
En las veredas de Tame, varias familias han encontrado en el café una forma de diversificar su economía y compartir su territorio desde el turismo. En la finca de la familia Malaver, el recorrido comienza entre los cafetales. Allí, los visitantes conocen el proceso completo, desde la siembra hasta la taza.
“Este proyecto nació como una necesidad, pero se convirtió en una oportunidad”,
dice Wilfredo Malaver mientras muestra sus productos. “Hoy no solo vendemos café, también contamos cómo cambiamos la relación con nuestro territorio”.
La experiencia hace parte de una ruta comunitaria en la que participan varias familias. Cada una aporta desde su conocimiento: algunas preparan alimentos tradicionales, otras guían caminatas de avistamiento de aves y otras comparten sus cultivos. El visitante pasa de una casa a otra, entendiendo que el turismo aquí es una construcción colectiva.
Este proceso fue reconocido con el Sello de Destinos de Paz del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y Fontur, lo que ha permitido generar nuevas oportunidades y fortalecer la cadena de valor del turismo a nivel comunitario.
En Tame, cada experiencia revela una dimensión distinta del territorio. La historia que marcó el rumbo del país, la cultura que sigue viva en el trabajo cotidiano y las comunidades que encontraron nuevas formas de crecer conviven en un mismo paisaje. El viaje ocurre en el camino, en el canto y en la mesa compartida.