donde el jaguar todavía camina libre

La Reserva Natural Surikí, en Turbo, Antioquia, se consolida como una experiencia de turismo regenerativo donde la biodiversidad, los manglares y el turismo comunitario muestran otra cara del Urabá antioqueño 

El viaje comienza en Apartadó. Desde allí, el recorrido hacia el Corregimiento de Nueva Colonia en el Municipio de Turbo permite empezar a entender por qué el Urabá antioqueño se está consolidando como uno de los territorios con mayor potencial para el turismo de naturaleza y conservación en Colombia. 

La carretera atraviesa paisajes dominados por el verde intenso, cultivos, ríos y pequeños centros poblados que conectan con una región biodiversa, estratégica y profundamente marcada por el agua. Poco a poco, el paisaje urbano empieza a desaparecer y el territorio anuncia la entrada a otro ecosistema. 

a en Nueva Colonia, el recorrido continúa en lancha. Y es justamente ahí donde la experiencia comienza a transformarse. Mientras la embarcación avanza por los brazos de ríos y las zonas de manglar, el visitante empieza a descubrir uno de los escenarios naturales más importantes del Urabá antioqueño. Poco a poco el río comienza a cerrarse entre raíces gigantes y árboles enormes. El agua cambia de color, aparecen aves sobre las ramas y el motor de la lancha termina siendo el único ruido que rompe el silencio.

El trayecto fluvial no es solamente una forma de llegar a la reserva. Es parte esencial de la experiencia turística. Los manglares y bosques inundados, protagonistas del recorrido, cumplen un papel fundamental para los ecosistemas y para la vida de las comunidades de la región. Funcionan como barreras naturales frente a la erosión, capturan carbono, protegen la biodiversidad y sirven de refugio para múltiples especies marinas y terrestres. 

Además, representan uno de los ecosistemas más importantes para el equilibrio ambiental del planeta. A medida que la lancha se adentra en el territorio, el paisaje se vuelve cada vez más exuberante. La vegetación cambia constantemente y la selva empieza a rodearlo todo. El aire se siente más húmedo y el sonido de las aves se vuelve permanente. 

Entonces aparece Surikí. 

Ubicada en Turbo, Antioquia, la Reserva Natural Surikí es hoy uno de los referentes de turismo regenerativo del Urabá antioqueño. Un territorio donde la familia Jiménez ha construido una apuesta que integra protección ambiental, turismo comunitario, educación ambiental y experiencias de naturaleza, pero también un lugar atravesado por la memoria y la resiliencia. 

Después de haber sido víctimas del conflicto armado y del desplazamiento forzado, la familia regresó a estas tierras con una decisión que cambiaría el rumbo del territorio: convertir más de 600 hectáreas en un santuario de fauna y flora. 

“Decidimos no quitarle a la naturaleza lo que la violencia nos quitó a nosotros”, afirma Enilda Jiménez, directora de la Reserva Natural Surikí. 

Esa visión hoy se traduce en una oferta turística que invita a recorrer la selva desde el respeto, la conservación y el aprendizaje. Y ahí uno entiende que Surikí no se recorre con afán. Cada sendero obliga a detenerse, a escuchar y a observar con atención. 

Una de las experiencias más representativas es la Ruta del Jaguar, un recorrido de interpretación ambiental que permite conocer la importancia de este felino dentro del ecosistema del Urabá antioqueño. 

Aunque verlo en libertad es poco común, la ruta permite comprender cómo el jaguar se ha convertido en símbolo de conservación para el territorio. Durante el recorrido, los visitantes conocen las dinámicas de la selva, las especies que habitan la reserva y la importancia de proteger los corredores biológicos que permiten la supervivencia de la fauna silvestre. 

Parte de esa experiencia incluye el trabajo de monitoreo realizado a través de cámaras trampa instaladas en distintos puntos estratégicos de la reserva. Gracias a estas herramientas, la comunidad y los equipos de conservación han podido registrar la presencia de jaguares que habitan la zona e incluso capturar imágenes y videos de interacciones entre ellos en medio de la selva. 

Las grabaciones no solo representan un hallazgo valioso para la conservación de la especie, sino que también se convierten en una experiencia profundamente impactante para quienes visitan Surikí. Ver al jaguar desplazándose libremente en su hábitat natural —lejos de zoológicos o escenarios intervenidos— permite entender la enorme riqueza ambiental que todavía conserva este territorio del Urabá antioqueño. 

La experiencia combina senderismo ecológico, observación de fauna, monitoreo ambiental y educación sobre biodiversidad en medio del bosque húmedo tropical, convirtiendo la Ruta del Jaguar en una de las apuestas más poderosas de turismo de naturaleza dentro de la reserva. 

Muy cerca emerge otra experiencia inesperada: la Ruta de la Vainilla. 

Entre árboles húmedos, aromas dulces y senderos rodeados de vegetación exuberante, la familia Jiménez comparte el proceso natural y artesanal alrededor de esta planta (una orquídea nativa de Colombia), mostrando cómo biodiversidad, agricultura sostenible y conservación pueden coexistir dentro de un mismo territorio. 

La experiencia se complementa con caminatas ecológicas, recorridos de interpretación ambiental y espacios para el avistamiento de aves, uno de los grandes tesoros de la reserva.

Porque Surikí también se ha convertido en un escenario privilegiado para el aviturismo, con cerca de 200 especies de aves registradas. 

Gracias a la riqueza ecosistémica del Urabá antioqueño —una región donde confluyen ecosistemas del Caribe, el Pacífico y los Andes—, la reserva permite el avistamiento de múltiples especies de aves propias del bosque húmedo tropical, así como aves migratorias que encuentran refugio en este corredor natural. 

Gracias a la riqueza ecosistémica del Urabá antioqueño —una región donde confluyen ecosistemas del Caribe, el Pacífico y los Andes—, la reserva permite el avistamiento de múltiples especies de aves propias del bosque húmedo tropical, así como aves migratorias que encuentran refugio en este corredor natural. 

Durante los recorridos es posible observar aves coloridas entre las copas de los árboles, escuchar cantos que atraviesan constantemente la selva y descubrir por qué Colombia es reconocida como uno de los países con mayor diversidad de aves en el planeta. 

Pero la biodiversidad de Surikí no termina en las aves. Durante los recorridos por la reserva también es posible encontrarse con 5 especies de primates, entre ellos monos aulladores, monos araña y el Tití cabeciblanco, (ambos en riesgo crítico de extinción) desplazándose entre las copas de los árboles, perezosos camuflados entre la vegetación y especies que encuentran refugio en los cuerpos de agua y zonas de manglar del territorio. 

Las babillas aparecen silenciosas cerca de las orillas, mientras distintas especies de tortugas forman parte de los ecosistemas que la reserva busca proteger a través de sus procesos de conservación 

Cada recorrido cambia constantemente. A veces la selva se manifiesta a través de sonidos lejanos; otras veces, en pequeños movimientos entre las ramas o en huellas que recuerdan que este territorio sigue siendo hogar de múltiples especies que encuentran aquí un espacio seguro para sobrevivir. Por eso, más que visitar un paisaje, recorrer Surikí significa entrar en contacto con un ecosistema vivo que todavía conserva buena parte de su equilibrio natural. 

Pero quizá uno de los momentos que más conectan al visitante con el territorio ocurre alrededor de la mesa. Después de las caminatas y los recorridos por la selva, aparece el fiambre: arroz, proteína, plátano, queso. Sabores caseros y recetas sencillas pero profundamente conectadas con la tradición local. Un almuerzo preparado por las manos de los Jiménez que termina convirtiéndose en otra manera de conocer el Urabá antioqueño. 

Porque en Surikí el turismo también se vive desde lo comunitario

La familia Jiménez y otras familias de la zona han comenzado a articularse para fortalecer las experiencias turísticas del territorio, compartir conocimientos y prepararse para recibir visitantes nacionales e internacionales interesados en conocer otra cara de Urabá. 

Guianza local, recorridos ambientales, gastronomía, conservación y experiencias comunitarias empiezan a tejer una red donde el turismo genera oportunidades reales para quienes históricamente vivieron en medio del conflicto armado. 

Aquí el visitante no solamente llega a observar la naturaleza. Llega a escuchar historias, a aprender del territorio y a entender cómo las comunidades han encontrado nuevas formas de construir futuro alrededor de la biodiversidad, el turismo y la conservación. 

No es casualidad que universidades y grupos de investigación hayan empezado a llegar hasta acá. Surikí se ha convertido también en un laboratorio vivo de aprendizaje ambiental, turismo científico, regenerativo y construcción de paz. Muchos estudiantes universitarios realizan ejercicios inmersivos dentro de la reserva para entender, desde la experiencia, cómo funcionan los ecosistemas del bosque húmedo tropical y cómo las comunidades pueden construir modelos sostenibles alrededor de la conservación. 

Porque entender territorios como este no siempre ocurre desde un salón de clases. A veces ocurre caminando entre manglares, escuchando el sonido de los monos aulladores o entendiendo cómo una comunidad decidió proteger la naturaleza en lugar de destruirla. 

Y quizá ahí está una de las grandes lecciones de Surikí. Entender que el turismo, cuando se construye desde las comunidades y desde el respeto por el territorio, puede convertirse en una herramienta poderosa de transformación social.  

Hoy, en distintas regiones de Colombia, el turismo ha comenzado a cambiar la realidad de miles de familias y comunidades que durante décadas estuvieron atravesadas por la violencia. 

Territorios que antes eran conocidos únicamente por el conflicto armado hoy empiezan a ser reconocidos por sus paisajes, sus tradiciones, su biodiversidad y sus experiencias culturales y comunitarias. Destinos donde el turismo está generando ingresos, fortaleciendo economías locales, recuperando memorias y permitiendo que nuevas generaciones encuentren alternativas distintas a la violencia. 

Y Surikí hace parte de esa nueva narrativa. La reserva hace parte de las iniciativas que demuestran cómo el turismo puede convertirse en motor de conservación y desarrollo territorial. Una apuesta que ha contado con el respaldo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de Fontur, impulsando proyectos orientados al fortalecimiento del turismo de naturaleza, el turismo comunitario y las experiencias sostenibles en regiones con alto valor ambiental y cultural. 

Hoy, lugares como Surikí muestran otra cara del Urabá antioqueño.

Una región donde la biodiversidad, el agua, la selva y las comunidades se convierten en protagonistas de experiencias turísticas que invitan a conocer territorios auténticos, sostenibles y profundamente conectados con la naturaleza.  

Viajar a Surikí no significa solamente visitar una reserva natural. Significa navegar entre manglares, recorrer senderos selváticos, descubrir especies únicas, compartir alrededor de un fiambre preparado por la comunidad y entender que en Colombia existen territorios donde conservar la vida también se ha convertido en una manera de construir paz. 

Cuando cae la tarde y toca volver a tomar la lancha de regreso, Surikí deja claro que este rincón del Urabá antioqueño no se parece a ningún otro lugar. No solamente por el jaguar, los manglares o la selva. Sino porque aquí la naturaleza y las comunidades aprendieron a convivir después de la violencia. Y en un país como Colombia, eso también es una forma de esperanza.