Los antropólogos dicen que hay tres cereales que fueron claves para el desarrollo de la civilización humana: el trigo, el arroz, y el maíz. En Colombia, este último, ha estado presente desde tiempos prehispánicos.  

En las montañas de los Andes, el maíz ha sido el cereal que ha alimentado a los habitantes de esta región desde hace miles de años. Esa tradición se conserva hasta el día de hoy en Simijaca, un pequeño pueblo en el altiplano cundiboyacense.  

Ubicado a 135 km de Bogotá, Simijaca se orgullece de ser uno de los municipios de mayor producción de maíz que tiene Colombia. Según la alcaldía, en sus campos hay aproximadamente 831 hectáreas cultivadas, que los visitantes pueden ver fácilmente a los lados de la carretera al ingresar a este pueblo, que tiene más de 400 años de historia desde su fundación. Este municipio provee a los mercados mayoristas de Bogotá, Chiquinquirá, y Bucaramanga, donde sale a destinos tanto nacionales como internacionales. 

Para rendirle un homenaje a este cereal, el pueblo de Simijaca viene haciendo desde los últimos tres años el Festival de la Mazorca, un evento de varios días donde se invita a que los visitantes conozcan tradiciones culturales en torno a la producción de este cereal, que además hace parte de la alimentación tradicional tanto de esta región como de toda Colombia.  

Durante el Festival, este municipio anfitrión invita a los pueblos vecinos de Ubaté, Susa, Capellanía, Chiquinquirá y otros más de la región para que sean exponentes de muestras de baile, canto, música. También hay espacio para demostrar las habilidades de los más fuertes, una competencia de carga de bultos de mazorca, donde no solo se cuenta la fuerza, sino también la agilidad para surtir obstáculos.  

Además, también hay demostraciones para pelar y desgranar las mazorcas antes de la preparación en las múltiples recetas tradicionales, entre las más representativas se encuentran las arepas de maíz, los envueltos de mazorca, la chicha, las coladas, los amasijos campesinos, la mazorca asada, las tortas de maíz y las sopas que incorporan este ingrediente ancestral.  

Según cifras del DANE, el maíz es uno de los cultivos transitorios más importantes del país y constituye la base alimentaria de millones de colombianos, tanto para consumo directo como para transformación agroindustrial. En Simijaca, esta riqueza gastronómica se evidencia en la elaboración de más de 3.000 envueltos de mazorca y la distribución de más de 2.000 litros de chicha durante la edición 2026 del Festival Nacional de la Mazorca, cifras que reflejan la magnitud de una celebración que honra el legado campesino y reafirma al municipio como uno de los principales referentes culturales del maíz en Cundinamarca. 

Durante el Festival también se realizó este año el desfile de bicicletas clásicas, un medio de transporte que ha jugado un rol muy importante en las comunidades campesinas, donde se transportaba desde las herramientas agrícolas, hasta los bultos alimentos y uno que otro acompañante. Todo al mismo tiempo.  

Un homenaje al transporte que movía desde bultos hasta ganado 

“Esta bicicleta cargaba un chorote de guarapo que los campesinos vendían en las veredas. Era común que se hiciera un trueque, es decir, que en lugar de pagar con dinero se intercambiara por otros productos agrícolas, por eso las bicicletas también estaban equipadas para cargar bultos. Y también tenían lugar para guardar el rejo, en caso de que tuvieran que arriar animales” explica Jairo Rodríguez, dueño de “La Guarapera” una bicicleta con un marco de aleación de acero lo suficientemente resistente para cargar a dos personas, un bulto de algún alimento en cosecha y el guarapo.  

Todos invitados a ‘Puebliar’ en Simijaca 

Simijaca demuestra que el maíz es mucho más que un cultivo: es memoria, identidad y una forma de entender la vida campesina. Entre sembradíos que se extienden por el altiplano, recetas que han pasado de generación en generación y celebraciones que reúnen a toda una región, este municipio cundinamarqués mantiene vivo un legado ancestral que sigue alimentando cuerpos, historias y tradiciones.  

Por esta razón invitamos a los lectores de la Revista Fontur a que visiten Simijaca, a que descubran cómo un grano que ha acompañado a los pueblos andinos durante siglos continúa siendo el corazón de una comunidad que encuentra en la tierra, el trabajo colectivo y la cultura razones para celebrar su pasado y proyectar su futuro.