Palabras 'Medellín' en letras grandes decoradas con flores y hojas de colores vivos sobre un fondo oscuro.

LA CIUDAD QUE APRENDIÓ
A FLORECER

Texto en español que indica que el contenido fue creado por Laura Arias, es un audiovisual de la Unidad Creativa de Laura Arboleda, y el diseño fue realizado por Camila Pacheco.
Dibujo de una flor de color rosa y azul con un tallo curvado.

Del Desfile de Silleteros a las fondas del centro, la capital antioqueña vive su vocación turística en dos velocidades: la fiesta de agosto y la tradición de todos los días. En esta ciudad encontrarás frijoles cocinados durante horas, carrieles cosidos a mano, vueltas antioqueñas que todavía dan cuentan del cortejo. Los sabores y sonidos de la identidad paisa, que reúne además oficios de generaciones de los habitantes de corregimientos y municipios aledaños.

Son las cinco de la mañana en Santa Elena y un silletero termina de amarrar la última flor a su silleta, la misma técnica que sus abuelos usaban para cargar mercancía por las montañas y que hoy carga arte. Horas después, esa silleta bajará al Valle de Aburrá y se cruzará con el bullicio del Metro, los grafitis de la Comuna 13 o el olor a chicharrón de algún restaurante en la ciudad.  

Rama de árbol con cinco flores rosas
Hombre sonriendo en un campo de flores coloridas sosteniendo un sombrero y una toalla roja.
Ramas de una planta con frutos amarillos y puntos morados.

Medellín es la capital del departamento de Antioquia, fundada en 1616 bajo el nombre de Villa de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín, hoy es la segunda ciudad más poblada del país y una de las urbes más innovadoras de América Latina, sin nunca haber soltado sus raíces campesinas. 

Dibujo de una flor amarilla con centro azul y líneas rosadas en los pétalos.
Una mujer comprando flores en un puesto de mercado, son arreglos de flores en color rojo, rosa, blanco y amarillo, con letrero que indica precios por docena y unidad.
Una flor rosa con centro amarillo.

El turismo del municipio es cultural y urbano durante todo el año, y muy festivo en agosto. Los visitantes llegan atraídos por su clima primaveral, su infraestructura de transporte integrado entre el metro, los metrocables y las escaleras eléctricas de la Comuna 13 y una oferta que combina naturaleza, arte urbano, gastronomía y memoria histórica. La Medellín transformada de los últimos veinte años convive con la Medellín de fondas, arrieros y tradición campesina que sigue viva en cada esquina. 

Esa doble identidad se condensa cada año en la Feria de las Flores, que en 2026 llega a su edición 69 bajo el lema "Medellín te quiere y florece para ti", del 31 de julio al 9 de agosto. Nacida en 1957 por iniciativa de Arturo Uribe Arango, entonces integrante de la Junta de Fomento de Turismo de la ciudad, la feria rinde homenaje a los campesinos de Santa Elena que durante generaciones cargaron personas y mercancías por los caminos empinados de los Andes sobre estructuras de madera llamadas silletas. Hoy esas mismas silletas cargan obras de arte hechas con flores. 

Dibujo de una flor rosa con centro amarillo y fondo blanco.

Sabores que cuentan la historia de los arrieros 

Una flor azul con centros rosados y estambres blancos.

La cocina paisa nació del camino. Sus platos más representativos surgieron para alimentar a los arrieros y campesinos que debían recorrer largas jornadas por la montaña, y esa herencia todavía se siente en su generosidad. La bandeja paisa es el emblema: frijoles rojos guisados con hogao, arroz blanco, chicharrón, carne molida, chorizo, huevo frito, aguacate, plátano maduro y arepa, todo servido junto porque la porción es tan abundante que necesita, literalmente, una bandeja. Pero reducir la gastronomía antioqueña a ese plato sería quedarse en la superficie. 

El mondongo, preparado con callos de res, papa, zanahoria y yuca, es la sopa dominical por excelencia. Las arepas de chócolo rellenas de queso, los buñuelos, el mango biche con limón y sal, las solteritas y las obleas con arequipe completan un mapa de sabores que se puede recorrer en cualquier sitio de interés o calles paisas. 

Ilustración de una flor y rama con hojas en tonos morados y rosados.

Artesanías que sostienen oficios de generaciones

Persona con camisa blanca sosteniendo una bolsa con patrón de caballo, en un entorno con flores y productos en el fondo.

A media hora de Medellín, en el corregimiento de Santa Elena, cerca de 500 familias mantienen viva la cultura con el cultivo de flores y la construcción de silletas que son pieza de arte reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.  

En Jericó y sus alrededores se conserva la guarnielería, el oficio detrás del carriel paisa, ese bolso de múltiples bolsillos ocultos que se volvió símbolo de identidad regional. En Marinilla, las familias llevan generaciones construyendo guitarras, tiples y bandolas.  

En El Carmen de Viboral, la cerámica pintada a mano da vida a vajillas reconocibles en toda Colombia. En Santa Fe de Antioquia se trabaja la filigrana en oro y plata, y en la comunidad emberá-chamí de Cristianía se elaboran collares y accesorios en chaquiras que narran una tradición indígena propia. En Medellín, mercados como el de artesanías del Parque Bolívar permiten comprar directamente a los artesanos que sostienen estos oficios. 

Rama decorativa de color morado con varias hojas.

Danzas que todavía cuentan un cortejo 

Mujer vestida con un vestido rojo y un sombrero grande de tela en forma de rosa durante un desfile, rodeada de otras personas y músicos en la calle.

Antes de que la ciudad tuviera metro o altos edificios, sus fiestas se organizaban alrededor del baile de salón, principalmente en el hotel Nutibara. Las Vueltas Antioqueñas, la danza más representativa, nacieron en las zonas mineras del departamento, se trata de una coreografía de pareja  vertiginosa, en la que la mujer gira con independencia mientras el hombre se mueve alrededor de ella mientras se simula un cortejo amoroso.

Grupo de personas bailando en una celebración folklórica, vestidas con trajes tradicionales color rojo y blanco, en una calle con árboles, cables y un muro de fondo.

Junto a las vueltas conviven otras danzas menos conocidas fuera de Antioquia como el Guatín, originario del municipio de Urrao, una de las pocas danzas colombianas que interpretaban tradicionalmente dos hombres, con figuras coreográficas llamadas "Los Ochos". Ritmos como el bambuco y el pasillo, que llegaron al país a mediados del siglo XIX, se interpretaban en conjunto de piano, violines y flautas en aquellas fiestas de salón.

Ilustración de un árbol con ramas y nubes rosadas