el cine convierte a Cartagena en el corazón cultural del País de la Belleza
En Cartagena, cuando cae la tarde, el cine empieza a mezclarse con la vida. Las plazas se llenan, el aire huele a mar y a comida recién hecha, y en una pantalla al aire libre una historia comienza mientras la ciudad sigue latiendo alrededor.
No hay una frontera clara entre la ciudad y el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI). En su edición número 65, no se limitó a salas ni a programaciones. Se desplegó en las calles, en las conversaciones, en la manera en que visitantes y locales comparten el mismo espacio.
Fundado en 1960, es el festival de cine más antiguo de América Latina y uno de los más relevantes del continente. Pero su verdadero valor está en los encuentros y conversaciones que genera.
Es un lugar donde las historias del mundo encuentran un territorio que también tiene mucho que contar. Y en ese cruce, el turismo encuentra sentido.
Una ciudad que se convierte en escenario.
Durante el FICCI, Cartagena se transforma. Las plazas se llenan de público, las calles del centro histórico se convierten en espacios de conversación y la ciudad recibe visitantes de distintas partes del mundo que llegan atraídos por el cine, pero terminan descubriendo algo más profundo. Aquí, el turismo cultural cobra sentido.
Cartagena es un territorio vivo donde el Caribe colombiano se expresa en múltiples formas: en la música que suena en cada esquina, en la gastronomía que mezcla tradición y creatividad, en las prácticas culturales que han resistido el paso del tiempo.
Las palenqueras, las cocineras tradicionales, las artesanas, las lideresas culturales hacen parte de una red de saberes que hoy también es parte de la experiencia turística. Son mujeres que no solo preservan tradiciones, sino que las convierten en oportunidades para sus comunidades. El visitante no llega solo a observar. Llega a participar de esa vida.
El cine como puerta de entrada al país.
El FICCI es una vitrina, pero también es un punto de partida. Las historias que se proyectan durante el festival permiten recorrer territorios sin moverse del asiento. Paisajes, acentos, formas de vida y realidades tanto nacionales como internacionales aparecen en pantalla y despiertan una pregunta inevitable: ¿cómo se vive eso en el territorio? Esa pregunta es el inicio del viaje. El turismo cultural y el turismo audiovisual encuentran en el FICCI un punto de conexión. Las películas no solo muestran, también invitan, despiertan la curiosidad, motivan desplazamientos y posicionan destinos.
Por eso, cada edición del festival contribuye a que Colombia se consolide como un país donde la cultura no es un atractivo más, sino una razón para viajar.
Más allá del festival: un destino que se despliega
Quien llega a Cartagena por el FICCI descubre rápidamente que la ciudad es apenas el comienzo. Están las islas del Rosario, con sus aguas claras y ecosistemas marinos que invitan al descanso. Está la ciénaga de la Virgen, donde la naturaleza ofrece otro ritmo. Están los corregimientos y las comunidades que abren sus puertas al turismo comunitario, mostrando una Cartagena menos visible, pero profundamente auténtica.
También está la ciudad cotidiana. Los barrios, los mercados, los recorridos guiados por comunidades que cuentan su historia desde la experiencia propia. Allí, el turismo se vuelve cercano y real. Y está la gastronomía, que es quizás una de las formas más directas de entender el Caribe. Cada plato es una historia y cada receta es memoria.
Cartagena no es un solo plan. Es una suma de experiencias que se conectan.
Una apuesta que conecta cultura, turismo y territorio
La presencia del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de Fontur, en el FICCI hace parte de una visión que se ha consolidado en los últimos años: entender el turismo cultural como un eje estratégico de desarrollo. En el marco del Gobierno del Cambio, el turismo se ha planteado como una herramienta para transformar territorios, especialmente aquellos que han sido históricamente excluidos o afectados por el conflicto. La cultura, en ese contexto, no solo preserva la identidad, sino que también genera oportunidades.
Durante el festival, las acciones de promoción turística, las proyecciones abiertas al público y las activaciones en ciudad permitieron conectar la oferta cultural y turística de Cartagena con nuevas audiencias, fortaleciendo su posicionamiento a nivel nacional e internacional.
Pero más allá del evento, lo que se construye es una narrativa de país. Una narrativa donde la diversidad, la cultura y los territorios son protagonistas.
El Caribe que permanece
Cuando el FICCI termina, Cartagena no se apaga. Las pantallas se desmontan, las luces se recogen, pero la ciudad sigue ahí, con su ritmo intacto, con sus historias abiertas, con su gente haciendo de lo cotidiano algo extraordinario. Lo que cambia es la mirada de quien la vivió.
Quien llega por el cine se queda por todo lo demás. Por la conversación que se alarga en una plaza, por el sabor que no se olvida, por la música que aparece sin aviso. Por esa sensación difícil de explicar, pero imposible de ignorar, de haber estado en un lugar que no solo se visita, sino que se entiende. Ese es el poder del turismo cultural cuando se conecta con el territorio: deja huella. Y, en el País de la Belleza, las historias no terminan cuando se apagan las pantallas. Al contrario, es justo ahí cuando empiezan los viajes.