FERIAS

Y FIESTAS:

la estrategia cultural que está moviendo el turismo en Colombia

Cada año, Colombia se reconoce a sí misma en el sonido de un tambor, en la procesión que avanza al amanecer, en la calle que se vuelve pista de baile o en la plaza que se transforma en escenario.

Hoy, estas expresiones han sido entendidas como una herramienta estratégica de desarrollo turístico y territorial, gracias al impulso del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo que, a través de Fontur, decidió fortalecer las celebraciones populares como escenarios de promoción, encuentro y transformación en los territorios. 

Durante décadas, las ferias y fiestas fueron vistas únicamente como eventos culturales o agendas locales. Hoy, bajo una mirada integral del turismo, estas celebraciones se entienden como plataformas de promoción, cohesión social y dinamización económica, impulsadas por una estrategia que reconoce en la cultura una oportunidad para descentralizar el sector, activar economías locales y poner en el centro a las comunidades y a sus tradiciones, especialmente en los territorios que han sido excluidos de los grandes circuitos turísticos. 

El país decidió mirar sus celebraciones con otros ojos y entenderlas como escenarios donde la actividad turística dialoga con la cultura, la economía popular y la memoria colectiva; donde, además, locales y extranjeros disfrutan de todo lo que cada destino de Colombia tiene para ofrecer. En este sentido, las ferias y fiestas comenzaron a ocupar un lugar central en la estrategia de promoción, ya que los destinos tradicionalmente invisibilizados se muestran tanto a nivel nacional como internacional.

Para llevar esto a cabo, la apuesta ha sido territorial y diferencial. El Guaviare, históricamente asociado al conflicto, se posicionó como uno de los departamentos con mayor acompañamiento, gracias a festivales como el Yurupary de Oro, la Guacamaya de Oro y el de Verano de San José del Guaviare. Allí, la fiesta se convirtió en relato de transformación. 

En el Valle del Cauca, eventos como la Feria de Cali, el Festival Internacional de la Salsa y el Mono Núñez consolidaron una narrativa que conecta música, herencia afrodescendiente y turismo cultural. Boyacá, por su parte, encontró en celebraciones como la Semana Santa en Vivo, el Tren Turístico y el Festival de Luces de Villa de Leyva una forma de integrar patrimonio, espiritualidad y experiencia turística. 

Cada región celebra a su manera, pero todas cuentan una misma historia: la de un país que se reconoce diverso y que ve en sus tradiciones una vía de desarrollo, no extractivista, sino capaz de proteger la memoria viva de quienes somos.

Ese acompañamiento se traduce en calles llenas, plazas activadas, músicos en escena y cocinas tradicionales que trabajan a todo ritmo. También en historias contadas, viajes que se planean a partir de una fiesta y comunidades que, por primera vez, se sienten protagonistas de la experiencia turística. Así, la celebración deja de ser un complemento y se convierte en un motor que mueve visitantes y fortalece el orgullo territorial. 

Uno de los mayores aportes de esta estrategia ha sido su impacto en la economía popular. Vendedores, artistas, cocineras tradicionales, músicos y artesanos han encontrado en estos eventos una oportunidad real de ingresos y visibilidad. 

Uno de los mayores aportes de esta estrategia ha sido su impacto en la economía popular. Vendedores, artistas, cocineras tradicionales, músicos y artesanos han encontrado en estos eventos una oportunidad real de ingresos y visibilidad. 

“Las ferias y fiestas son una puerta de entrada al turismo comunitario y sostenible”, señala Juan Sebastián Sánchez, viceministro (e) de Turismo. 

De cara a 2026, el sector turismo proyecta seguir fortaleciendo estas expresiones culturales como parte de una estrategia de sostenibilidad, inclusión y descentralización.

Las ferias y fiestas no son un punto de llegada, sino un punto de partida para nuevas narrativas de país. Cuando apoyamos uno de estos eventos, respaldamos a una comunidad entera. 

Colombia se celebra a sí misma mientras se transforma. En cada carnaval, en cada procesión y en cada tarima, las regiones le muestran al mundo que su mayor riqueza está en su gente, en su diversidad y en su manera única de celebrar la vida. Las ferias y fiestas, más que eventos, son la expresión viva de un país que avanza sin olvidar quién es.