Pereira y el arte de construir sin destruir:
donde la naturaleza y la ciudad se reconcilian
Existe una pregunta que las grandes ciudades del mundo llevan décadas intentando responder: ¿cómo crecer sin perder el alma verde que nos hace humanos? Singapur la respondió con jardines que abrazan rascacielos. China, con corredores ecológicos que atraviesan metrópolis enteras. Y Pereira, una ciudad que siempre tuvo la respuesta en su propio territorio, acaba de materializarla en 22 hectáreas de bosque urbano vivo: el Ecoparque El Vergel. Aquí, la infraestructura no vino a reemplazar la naturaleza. Vino a dialogar con ella. Los senderos no abrieron camino tumbando árboles, sino abrazándolos. El resultado es un espacio que le demuestra a Colombia que el concreto y el ecosistema pueden ser, no solo compatibles, sino profundamente complementarios.
La ciudad que lo tiene todo
Pereira se asienta en el corazón del Eje Cafetero colombiano, capital del departamento de Risaralda, en un territorio donde la geografía no escatima en generosidad. Ubicada a 1.411 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 21 grados centígrados, la ciudad vive en ese clima que los colombianos llaman la eterna primavera: ni el frío que agobia ni el calor que aplana. Un equilibrio perfecto que invita a estar afuera, a caminar, a respirar.
Su posición geográfica en el valle del río Otún, en la Cordillera Central de los Andes, le otorga una de las biodiversidades más ricas de la nación. La atraviesan ríos, la rodean montañas, y entre sus comunas conviven especies de fauna y flora que en otras latitudes solo se encuentran en reservas naturales protegidas. El río Otún nace en el Parque Nacional Natural Los Nevados y abastece de agua a la ciudad, recordándole cada día que su origen es la montaña, que su historia está escrita en el agua.
Conocida como la "Perla del Otún", Pereira es también una ciudad que sabe moverse: ubicada en el llamado Triángulo de Oro conformado por Bogotá, Medellín y Cali, su centralidad geográfica la convierte en uno de los destinos más accesibles y dinámicos del país. Una ciudad que creció sin perder su relación con el verde, que se modernizó sin olvidar que tiene un río, un bosque y un cielo despejado como herencia.
Es en ese contexto donde cobra todo su sentido el Ecoparque El Vergel.
El bosque que la ciudad no quiso perder
Entre las comunas El Poblado y El Rocío, a pocos minutos del centro de Pereira, existe un bosque que el tiempo nunca logró borrar del todo. Un espacio de 22 hectáreas atravesado por el río Consota, habitado por especies nativas de flora y fauna, por aves que anidan entre sus árboles y por una memoria colectiva que los pereiranos llevan décadas guardando con cuidado.
La Sociedad de Mejoras de Pereira, institución que lleva más de un siglo velando por el desarrollo de la ciudad, donó el terreno al municipio junto con los estudios y diseños técnicos del proyecto, con la convicción de que ese espacio podía convertirse en algo más grande: en un destino turístico sostenible, en un laboratorio vivo de convivencia entre lo construido y lo natural.
Un bosque urbano de 22 hectáreas en pleno corazón de Pereira, habitado por especies nativas y atravesado por el río Consota, se convirtió en el escenario de una de las apuestas de infraestructura turística más importantes del Eje Cafetero.
Una alianza que hizo posible el sueño
El Ecoparque El Vergel fue posible gracias a una alianza de tres: el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que a través de Fontur aportó más de $10.578 millones, el 75% de la inversión total; el Municipio de Pereira, que cofinanci con $3.578 millones, el 25% restante; y la Sociedad de Mejoras de Pereira, que aportó en especie el terreno de 22 hectáreas y los estudios técnicos del proyecto. La inversión total ascendió a $14.156 millones, canalizados a través del Convenio de Cooperación FNTC-200-2023.
"Esta es una apuesta de infraestructura turística para Pereira y para el Eje Cafetero. No solo nos permite generar condiciones de calidad para la prestación del servicio, sino también dignificar la vida de las personas y las comunidades que viven alrededor de este parque", afirmó la ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Marcela Morales.
Construir sin destruir: la filosofía del Vergel
El Ecoparque El Vergel no se diseñó para imponerse sobre la naturaleza. Se diseñó para habitarla con respeto. Esa es, quizás, su lección más poderosa: que es posible construir más de 6.500 metros cuadrados de infraestructura nueva en un ecosistema urbano sin sacrificar su esencia, sin silenciar sus aves, sin desviar su agua.
Los senderos fueron trazados siguiendo la lógica del bosque, no la del cemento. Se abrieron caminos entre los árboles para que las personas pudieran entrar en la naturaleza, no para que la naturaleza cediera su lugar. A lo largo de 3.974 metros cuadrados de recorridos peatonales, los visitantes descubrirán especies nativas de flora, escucharán el sonido del río Consota y entenderán, con los pies en la tierra, que la biodiversidad no vive solo en los libros ni en las reservas remotas: vive aquí, en la ciudad, esperando ser reconocida.
Los senderos del Vergel no abrieron camino tumbando árboles. Los trazaron abrazándolos, para que caminar entre ellos sea también un acto de reconocimiento y cuidado de lo que nos pertenece a todos.
Alrededor de esos senderos, la infraestructura despliega todo su potencial: una plazoleta central de 1.771 metros cuadrados, un módulo deportivo, un módulo de piscina, un salón multipropósito de 672 metros cuadrados, un mall de comidas de 610 metros cuadrados, un café mirador con terraza que dialoga con el paisaje, y un escenario cultural con cubierta especial junto al lago.
El turismo que nace desde adentro
El Ecoparque El Vergel se enmarca en el Plan Sectorial de Turismo "Turismo en armonía con la vida" y en la narrativa "Descubre la diversidad de Colombia, El País de la Belleza". Pero más allá de los marcos de política pública, lo que hace especial a este proyecto es su vocación comunitaria: fue concebido para las personas que viven a su alrededor tanto como para los visitantes que llegarán desde otras ciudades y otros países.
Los espacios gastronómicos operarán bajo un esquema de concesión que prioriza a emprendedores locales. Durante la jornada de entrega, el parque acogió una muestra gastronómica y artesanal con emprendedores del programa Hecho en Pereira, que reunió sabores, oficios y expresiones culturales de la ciudad en el mismo escenario que pronto recibirá turistas de toda Colombia y el mundo.
Pereira ya tiene su ecoparque. Ahora comienza la tarea más importante: operarlo con la comunidad, para la comunidad, desde la convicción de que la naturaleza no es un decorado, sino el corazón del proyecto.