el territorio donde el turismo protege la vida
En el Pacífico colombiano, seis consejos comunitarios han demostrado que el turismo puede convertirse en la forma más poderosa de proteger la vida, conservar la biodiversidad y construir paz desde el territorio.
En Bahía Málaga, cada visitante descubre que viajar también puede ser un acto de conservación.
El silencio dura apenas unos segundos, de repente, una enorme cola rompe la superficie del océano. El agua se eleva varios metros mientras, y desde las embarcaciones, nadie pronuncia una palabra. No hace falta, en Bahía Málaga, el primer salto de una ballena jorobada marca el comienzo de una temporada, pero también recuerda por qué este rincón del Pacífico colombiano se ha convertido en un ejemplo de cómo el turismo puede proteger la vida.
Cada año, entre julio y octubre, estos gigantes del océano recorren cerca de 8.500 kilómetros desde la Antártida hasta las cálidas aguas del Pacífico colombiano para aparearse, dar a luz y criar a sus ballenatos. Es uno de los fenómenos migratorios más extraordinarios del planeta y una oportunidad para que miles de visitantes descubran la inmensa riqueza natural de este territorio.
Sin embargo, basta permanecer unas horas en Bahía Málaga para comprender que las verdaderas protagonistas de esta historia no son únicamente las ballenas. Son las personas que, generación tras generación, protegen el lugar al que ellas siempre regresan.
Seis consejos comunitarios, un mismo propósito
Bahía Málaga es un territorio donde seis consejos comunitarios afrodescendientes ejercen la gobernanza colectiva del territorio y trabajan unidos para conservar uno de los ecosistemas más biodiversos de Colombia. Guardianes de los manglares, los esteros, la selva húmeda tropical y el mar, han encontrado en el turismo comunitario una herramienta para cuidar su patrimonio natural y fortalecer el bienestar de sus comunidades.
Aquí, cada recorrido en lancha es guiado por quienes conocen el comportamiento del mar desde la infancia. Cada sendero guarda historias transmitidas por los mayores. Cada plato típico conserva los sabores ancestrales del Pacífico, y cada experiencia turística invita a comprender que la naturaleza no es un escenario para admirar a la distancia, sino un hogar que merece respeto y protección.
En Bahía Málaga, el turismo no transforma el territorio. Es el territorio el que transforma la manera de hacer turismo.
Este modelo ha permitido que la conservación se convierta en una oportunidad para fortalecer las economías locales, generar empleo digno y ofrecer nuevas alternativas para las generaciones más jóvenes. Aquí, recibir visitantes también significa proteger los bosques, cuidar los océanos, preservar las especies y demostrar que el desarrollo puede construirse en armonía con la naturaleza.
Pero también significa construir paz. Porque cuando una comunidad encuentra en la biodiversidad una oportunidad para prosperar, proteger el territorio deja de ser únicamente un deber ambiental y se convierte en una apuesta colectiva por el futuro.
Hablar de Bahía Málaga también es hablar del liderazgo determinante de sus mujeres. Son ellas quienes administran hospedajes comunitarios, lideran asociaciones de turismo, preservan la gastronomía tradicional, elaboran artesanías, transmiten los saberes ancestrales y reciben a los viajeros con la calidez que distingue al Pacífico colombiano.
Su trabajo ha permitido fortalecer la economía de cientos de familias, preservar la identidad cultural y consolidar un modelo de turismo donde el desarrollo no desplaza las tradiciones, sino que las convierte en su mayor fortaleza.
En cada receta, en cada relato y en cada bienvenida hay una manera de entender el turismo que pone en el centro a las personas, al territorio y a la memoria colectiva. Porque cuando una mujer fortalece su comunidad, también fortalece el futuro del territorio.
Las mujeres que sostienen el territorio
Durante décadas, muchas regiones del Pacífico enfrentaron enormes desafíos sociales. Hoy, Bahía Málaga demuestra que el turismo puede convertirse en un camino para construir paz desde las oportunidades.
Cada visitante que llega representa una posibilidad para generar ingresos, crear empleo, fortalecer emprendimientos comunitarios, valorar los saberes ancestrales y ofrecer nuevas alternativas para que las familias encuentren en su propio territorio razones para permanecer, crecer y proyectar su futuro.
La paz también se construye cuando un joven decide convertirse en guía turístico, cuando una familia abre las puertas de su hospedaje, cuando una cocinera comparte la tradición gastronómica del Pacífico, cuando una artesana encuentra en su oficio una fuente de ingresos, o cuando una comunidad descubre que proteger su biodiversidad también puede mejorar su calidad de vida.
Turismo que construye paz
Cada temporada de avistamiento de ballenas representa mucho más que la llegada de visitantes. Es una oportunidad para reafirmar el compromiso de las comunidades con la protección de uno de los ecosistemas más valiosos del mundo.
Por eso, el avistamiento se desarrolla bajo estrictos protocolos ambientales que promueven una observación responsable y garantizan el respeto por el comportamiento natural de las ballenas jorobadas y por el delicado equilibrio de los ecosistemas marino-costeros.
Conservar también significa avanzar
La apertura oficial de la Temporada de Avistamiento de Ballenas Jorobadas 2026 volvió a reunir a los seis consejos comunitarios, autoridades nacionales, regionales y locales alrededor de un mismo propósito: demostrar que la conservación, el turismo y el desarrollo pueden avanzar de la mano cuando las comunidades son las protagonistas del territorio.
Ese es también el camino que impulsa el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de Fontur, el de fortalecer un turismo sostenible, regenerativo e incluyente que reconozca a las comunidades como las principales guardianas del patrimonio natural y cultural de Colombia, y que convierta esa riqueza en bienestar, oportunidades y desarrollo para los territorios