Cartel con texto en letras grandes y blancas que dice 'De la guerra al turismo: el camino que hoy se recorre en Agua Bonita'
Texto en blanco y negro con créditos de producción, audiovisual y diseño, en letras grandes y negritas.

Agua Bonita, en Caquetá, es un lugar que se escucha, se siente y se comprende caminando y comprendiendo su significado por medio de su comunidad.  

Llegar hasta aquí ya es parte de la experiencia. Después de salir de Florencia y avanzar por el piedemonte amazónico, el paisaje comienza a cambiar: la selva se abre paso entre montañas verdes y el aire se vuelve más húmedo. Es en medio de ese paisaje donde aparece el Centro Poblado Héctor Ramírez, un territorio construido por firmantes del Acuerdo de Paz que hoy decidieron transformar su historia a través del trabajo comunitario y el turismo.

Dos personas con sombreros de paja toman una selfie en un evento, con carteles en su ropa que indican una conferencia sobre destinos de paz y un programa de Colombia. La imagen tiene un fondo amarillo con ilustraciones de frutas.

Al llegar el visitante siente una energía distinta. Aquí conviven cerca de 400 personas entre firmantes del Acuerdo de Paz y comunidad local, todos apostándole a algo que va mucho más allá del turismo: apostándole a una nueva forma de vida. 

En esta comunidad, el liderazgo está marcado por las mujeres. Aproximadamente el 80% de los procesos organizativos y productivos son liderados por ellas, quienes han encontrado en el trabajo colectivo una forma de construir nuevas oportunidades. 

El recorrido comienza en “Mi Ranchita”, un punto de encuentro donde la comunidad recibe a quienes llegan al territorio. Allí se conoce por primera vez el contexto del lugar, y se entiende que lo que el visitante va a recorrer no es solo una ruta turística, sino una historia de transformación contada por quienes la vivieron en la selva y la reconstruyen diariamente.

La experiencia se llama “La Nueva Colombia”, una ruta creada por la comunidad de Turipaz, que invita a recorrer diferentes espacios del centro poblado para entender cómo se ha construido la vida después del acuerdo. 

El camino inicia entre murales que convierten las calles en una galería a cielo abierto. Cada mural pintado sobre las fachadas de las casa cuenta una historia. Algunos hablan de memoria, otros de identidad y otros de esperanza. Caminar por estas calles es como recorrer un libro abierto donde cada pared guarda un fragmento de la historia del territorio. 

A medida que avanzamos, aparecen espacios que muestran cómo la comunidad ha organizado su vida colectiva: la biblioteca, la casa de la cultura, los espacios deportivos y las iniciativas productivas que hoy sostienen la economía local. En agua bonita, las mujeres intentan reunirse diariamente en horas de la noche para hacer partidos de futbol en la cancha sintética que construyeron en comunidad.

No hay elementos visibles en la imagen

Una de las paradas más especiales del recorrido es Tejipaz, una asociación que demuestra cómo el trabajo comunitario también se teje con paciencia. En un pequeño taller, nueve personas —siete mujeres y dos hombres— confeccionan pantalones, bolsos y maletas que luego venden en ferias, encuentros y a los visitantes que llegan al territorio. La marca existe desde hace poco más de dos años, pero su impacto en la comunidad ya se siente. 

Muchas de las mujeres aprendieron a coser desde muy jóvenes, en medio de las dinámicas de vida que tuvieron durante años en el campo. Hoy ese conocimiento se transforma en una oportunidad productiva. Las prendas que elaboran están inspiradas en la ropa de trabajo que se utiliza en la selva y en el monte: piezas resistentes, funcionales y pensadas para el territorio, confeccionadas con telas que repelen el agua y ayudan a protegerse de los insectos. 

DIEGO VALENCIA

Firmante del Acuerdo de Paz - Miembro Turipaz

Mientras conversábamos, varias de ellas cosían las piezas que estaban preparando para la venta. El taller también funciona como un espacio abierto para los turistas, quienes pueden conocer el proceso de confección y adquirir los productos directamente allí. 

La ruta continúa hacia otros lugares que revelan la relación de la comunidad con el territorio: cultivos de piña y caña, espacios de economía solidaria y proyectos que fortalecen la autosostenibilidad del centro poblado. 

Dibujo en blanco y negro de una piña y dos kiwis abiertos.

Uno de los momentos más significativos llega al visitar el Vivero Puerta de Oro de la Amazonía, donde la comunidad trabaja en la recuperación de semillas nativas y la reforestación del territorio. Una muestra de que la paz se está sembrando, literalmente, árbol por árbol. 

Otra parada del recorrido es el cultivo de piña, una de las apuestas productivas de Agua Bonita. Desde que uno se acerca al terreno, el olor dulce de la fruta madura llena el aire. Allí los visitantes pueden conocer cómo se trabaja la tierra y cómo este cultivo se ha convertido en una alternativa económica para las familias del territorio, demostrando que la transformación también empieza desde lo que se siembra. 

El recorrido finaliza cerca del Tótem de la Memoria, un lugar simbólico donde quienes visitan el territorio pueden detenerse un momento para escuchar, conversar y reflexionar sobre todo lo que significa este proceso. 

Mural de una persona con sombrero y lentes en un muro colorido, mientras tres mujeres observan y hablan frente a la pintura en un entorno al aire libre con casas, carros, y montañas al fondo.

En agua bonita los visitantes tienen la posibilidad de quedarse en el territorio, pueden alojarse en pequeñas cabañas construidas para el turismo o también en espacios dentro del mismo lugar donde viven las familias de la comunidad. Esta cercanía permite algo muy valioso: compartir la vida cotidiana, escuchar historias, entender las dinámicas del territorio y sentir que por un momento se hace parte de él. 

En la noche, cuando el silencio del campo reemplaza el ruido de la ciudad, se entiende que este lugar tiene algo especial. Agua Bonita no es solo un destino turístico; es una demostración de que la paz también se construye con trabajo, con organización comunitaria y con la decisión de mirar hacia adelante. 

Escuelas en un entorno natural con murales coloridos en las paredes, árboles y bancos en primer plano.
Mural colorido que representa a tres mujeres trabajando juntas en un entorno natural, con árboles y un cielo al atardecer, y la palabra 'Turipaz' en la parte superior.

Al final del recorrido, los visitantes se van con la sensación de haber conocido algo más que un paisaje. Se van con la certeza de que Colombia está cambiando en muchos territorios, muchas veces lejos de los titulares. 

Agua Bonita es, justamente, eso: una ventana para ver cómo se está construyendo la nueva Colombia, una donde el turismo se convierte en puente entre la memoria, el territorio y la reconciliación. 

Casa amarilla con ventanas y un mural de animales salvajes en la pared lateral, en un estilo colorido y detallado.